COLUMNA DE:
Giancarlo Chang

Giancarlo Chang

Gerente de Proyectos en ACM Consulting. Consultor internacional en estructuración de proyectos, due diligence, M&A e iniciativas de sostenibilidad. Economista, Mg. Finanzas y MBA, con certificaciones en Riesgos (CRM), Sostenibilidad (GRI, CFA ESG) y marcos ágiles (SCRUM). Ha sido docente en pre y postgrado y mentor en diversas incubadoras.
27 agosto 2026 | 10:07 am Por: Giancarlo Chang

Análisis del Fenómeno El Niño Costero

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Análisis del Fenómeno El Niño Costero

“En el campo de la observación, el azar solo favorece a las mentes preparadas.” — Louis Pasteur

A julio de 2026, el calentamiento del mar frente a la costa peruana ubica al evento actual entre los más intensos observados a esta altura del año. El ICEN alcanzó 2.66 °C en junio, dato oficial, y 3.29 °C en julio, todavía preliminar. Solo 1997 registró un nivel superior en esos mismos meses.

Sin embargo, esa comparación no permite concluir cuánto lloverá en la costa norte durante el verano de 2027. La historia muestra que el nivel alcanzado en invierno no anticipa por sí solo el desenlace. La pregunta central no es, por tanto, cuánto se ha calentado el mar hasta ahora, sino cuánto de ese calor permanecerá cuando comience la temporada de lluvias.

¿Qué mide cada indicador?

Para un mejor entendimiento, necesitamos ubicar las principales mediciones utilizadas para analizar El Niño Costero. El recuadro negro delimita la región Niño 1+2; su evolución se resume mediante el ICEN y refleja el calentamiento mar afuera. Más cerca del litoral, la celda OISST de Paita registra por satélite la temperatura superficial, mientras los transectos de ENFEN e IMARPE entre Puerto Pizarro, Paita y Chicama observan la estructura térmica hasta unos 185 km mar adentro. Finalmente, las celdas GODAS de Paita y Chicama estiman el calor acumulado entre la superficie y los 300 metros de profundidad (subsuelo). En conjunto, estas variables permiten diferenciar el calentamiento visible en superficie de la reserva de calor en el subsuelo y evaluar si el evento pudiera sostenerse hasta el verano.

Por otro lado, la región Niño 3.4 describe el Pacífico central ecuatorial (entre Oceanía y Sudamérica), la que puede comportarse distinta a la región Niño 1+2. Por ejemplo, en 2017 hubo lluvias severas en la costa con condiciones globales neutras.

El calor de 2026 ya comenzó a aflorar

El calentamiento se manifiesta de manera distinta en el subsuelo, el mar abierto, la orilla y el aire. El subsuelo concentra la reserva térmica; la orilla muestra dónde emerge; y el aire recoge una señal menor porque la atmósfera la dispersa con mayor rapidez. En 1982-1983 y 1997-1998, la anomalía del aire alcanzó 2.3 y 3.1 °C, frente a picos de 3.9 y 4.4 °C en el subsuelo, de 4.3 y 4.1 °C mar afuera, y superiores a 6 °C en la orilla.

En 2026 ya se observa una secuencia similar; en mayo, la anomalía en la orilla llegó a 2.5 °C, casi al mismo nivel que el subsuelo, con 2.7 °C. En junio, la orilla subió a 3.5 °C y superó al subsuelo, con 3.2 °C. En julio llegó a 4.03 °C. El calor acumulado en profundidad ya comenzó a manifestarse en la superficie costera.

En condiciones normales, los vientos alisios desplazan el agua cálida hacia el oeste (sentido horario) y mantienen la termoclina (capa donde la temperatura cae de golpe y separa el agua cálida de arriba del agua fría profunda) cerca de la superficie frente al Perú. El afloramiento eleva agua fría y la costa prácticamente no recibe lluvias. Durante El Niño, el agua cálida regresa hacia el este (sentido antihorario) como una onda Kelvin, hunde la termoclina y hace que el afloramiento lleve agua cálida hacia la superficie.

La profundidad distingue los eventos; en 1982-1983 y 1997-1998, el subsuelo se calentó junto con el ICEN y sostuvo el episodio. En 2017 y 2023 solo alcanzó 0.9 y 1.5 °C, señal de un calentamiento principalmente superficial. En junio de 2026 llegó a 3.2 °C y mostró un perfil más cercano al de los eventos de mayor magnitud, aunque todavía no determina el desenlace del verano.

El umbral de alrededor del 28 °C y la importancia del momento

El análisis de 180 meses de verano, correspondientes a enero-abril entre 1981 y 2025, muestra una relación entre la temperatura absoluta del mar en la región Niño 1+2 y la lluvia en la costa norte. Cuando el mar se mantuvo por debajo de 25 °C, la precipitación mensual promedio fue de 25 milímetros en Chulucanas y apenas 3 milímetros en Jayanca. Cuando superó los 28 °C, los promedios aumentaron a 639 y 308 milímetros, respectivamente.

Sin embargo, no basta con tener un mar cálido; ese calor debe coincidir con el verano. Los alisios débiles acompañaron 1983 y 1998, pero no son indispensables; abril de 2023 acumuló 939 milímetros con los alisios en su nivel normal. En 2017, un ICEN de apenas 1.31 °C también produjo lluvias importantes porque el pico ocurrió dentro del verano.

¿Con cuánto calor entrará 2026 al verano?

A julio, 2026 es el segundo evento más caliente del registro para esta altura del año, pero los antecedentes siguieron trayectorias diferentes. En 2023, el calentamiento llegó a su máximo en julio y se debilitó antes del verano. En 1997 subió hasta 4.08 °C en noviembre y entró a enero con 3.49 °C. En 1982, después de registrar apenas 0.45 °C en junio, alcanzó un máximo de 4.32 °C. Lo decisivo es el nivel con el que el evento ingrese al periodo enero-abril. Los nueve meses del registro con valores superiores a 3.5 °C ocurrieron entre mayo y diciembre. El pico suele aparecer antes de las lluvias; importa cuánto calor permanece.

La media de 6 modelos del NMME ubica al ICEN en 3.46 °C en enero de 2027 y 3.03 °C en febrero, prácticamente los mismos niveles de 1998 y por encima de 1983. La dispersión, sin embargo, es amplia y la proyección más cálida llega a 3.89 °C durante el verano. El pronóstico de SENAMHI se ubica en la parte alta del rango.

Para las empresas, la conclusión no es asumir que el escenario más severo ocurrirá ni esperar a que se confirme, sino monitorear mes a mes la evolución del evento y actualizar sus planes de campaña. La incertidumbre todavía exige cautela, pero el nivel de riesgo ya justifica preparar planes de contingencia y preservar la capacidad de respuesta.

 

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