(Agraria.pe) Aunque China produce considerablemente más arándanos que el Perú, el nombre que suele venir a la mente al hablar de esta fruta es el peruano. Para Roberto Guzmán, especialista en desarrollo productivo, esa aparente contradicción explica la verdadera historia del sector: no hay un ganador único, sino dos países que juegan partidos distintos con la misma fruta y ganan cada uno el suyo.
China: resolver el problema de producir
Según las cifras citadas por Guzmán, la producción china pasó de unas 347 mil toneladas en 2020 a cerca de 780 mil en 2024. Las proyecciones para 2025 varían según la fuente, entre 900 mil y 957 mil toneladas, un rango que, incluso en su nivel más bajo, implica que el país casi triplicó su producción en cinco años.
El crecimiento no se explica solo por la ampliación de tierras. La superficie bajo cultivo protegido supera las 24 mil hectáreas, y cerca del 80% de esa área emplea sustrato en lugar de suelo, un esquema que Guzmán describe como agricultura de precisión a escala industrial.
A ello se suma un segundo motor poco mencionado: China también se convirtió en su propio mercado. La demanda interna habría crecido alrededor de 40% anual durante cinco años, de modo que el país no solo produce arándanos, sino que los consume en volúmenes cada vez mayores.
Perú: resolver el problema de exportar
El caso peruano responde a otra lógica. En 2015, el país exportó 10.200 toneladas de arándanos; en 2025, la cifra alcanzó las 373.514 toneladas, con un valor de US$ 2.457 millones, según datos del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri). Con ello, el Perú se mantiene como el principal exportador mundial de arándanos frescos.
Para el especialista, la diferencia entre ambos países no es de escala, sino de diseño. El Perú no apostó por un gran mercado interno, sino por construir una plataforma exportadora basada en producción en contraestación, genética adaptada, cadena de frío, sanidad agrícola y acceso preferencial a los mercados que pagan por calidad.
Una paradoja con lecciones
China cuenta con más tierra y produce mucha más fruta. El Perú, con una fracción de esa superficie, convirtió un solo cultivo en uno de los pilares de su agroexportación. Según Guzmán, ninguno "ganó" en sentido estricto: cada uno respondió una pregunta distinta, y lo hizo a una velocidad que pocos sectores agrícolas logran.
El choque de modelos
Hoy ambos esquemas empiezan a cruzarse. China exporta cada vez más y el Perú mira con mayor interés hacia Asia. Para Guzmán, el próximo capítulo no dependerá de quién tenga más hectáreas, sino de la genética, la tecnología poscosecha, la logística y la capacidad de llegar primero al consumidor dispuesto a pagar más por calidad.
"La carrera del arándano ya no es una carrera de superficie. Es una carrera de inteligencia", concluyó.