(Agraria.pe) El agro peruano ha aprendido a competir, innovar y conquistar mercados, pero todavía mantiene una deuda con una de sus principales fuerzas productivas: las mujeres. Su trabajo está presente en la agricultura familiar, la agroexportación, la investigación, la gestión empresarial, la conservación de semillas y la organización comunal. Sin embargo, esa contribución aún no se refleja plenamente en el acceso a recursos ni en los espacios donde se toman decisiones.
La Encuesta Nacional Agropecuaria 2025 muestra la dimensión de la brecha. Las mujeres conducen el 31,2% de las unidades agropecuarias, proporción inferior al 32% registrado en 2023. Además, el 95,7% de las productoras pertenece a la agricultura familiar, su edad promedio es de 55,2 años y el 64,3% alcanzó solo educación primaria o no cuenta con nivel educativo.
No son cifras marginales: describen a miles de mujeres que sostienen la producción alimentaria mientras enfrentan limitaciones para tecnificarse, financiarse y crecer.
El problema no es únicamente cuántas participan, sino en qué condiciones lo hacen. Los estudios del INEI y el MIDAGRI sobre la mujer rural y agraria permiten identificar una estructura persistente: menor control sobre la tierra, dificultades para acceder al crédito, capacitación y asistencia técnica insuficientes, sobrecarga de labores familiares y reducida presencia en organizaciones y órganos de dirección. Su aporte productivo suele ser visible dentro de la parcela, pero pierde reconocimiento cuando se distribuyen activos, ingresos y poder.
El próximo gobierno, encabezado por una mujer, tiene una oportunidad histórica. Ese hecho debe trascender el símbolo y convertirse en una política agraria capaz de medir resultados. La igualdad debe incorporarse en la titulación, el riego, el financiamiento, la innovación, la asociatividad, la digitalización y el acceso a mercados.
Existen bases para avanzar. La Estrategia de Emprendimiento de la Mujer Rural e Indígena atendió a más de 8.200 mujeres entre 2022 y 2024, con una inversión acumulada de S/67,9 millones, y recibió S/10 millones para 2025. El desafío es convertir intervenciones valiosas, pero todavía limitadas, en servicios permanentes, descentralizados y evaluables.
Esta responsabilidad tampoco corresponde exclusivamente al Estado. Empresas, gremios, cooperativas, universidades, entidades financieras, organismos de cooperación y medios debemos abrir espacios, reconocer trayectorias y promover liderazgos. Visibilizar no es hacer una concesión: es aprovechar capacidades que el sector necesita para ser más competitivo, sostenible y resiliente.
Desde Agraria.pe asumimos esa tarea mediante la publicación especial Mujeres Líderes del Agro, creada para mostrar a quienes transforman el sector desde la producción, la ciencia, la empresa, la innovación y la gestión pública. Contar sus historias genera referentes, conecta experiencias y amplía las aspiraciones de nuevas generaciones.
El Perú no puede construir un agro moderno manteniendo invisible a buena parte de quienes lo sostienen. Reconocer a las mujeres, garantizarles oportunidades y llevar su voz a los espacios de decisión no es solo justicia, es una estrategia nacional de desarrollo.
Sin su liderazgo pleno, cualquier promesa de transformación rural seguirá siendo incompleta, desigual y menos sostenible.