COLUMNA DE:
Ing. Alfonso Felipe Velásquez

Ing. Alfonso Felipe Velásquez

29 octubre 2025 | 11:12 am Por: Ing. Alfonso Felipe Velásquez

Diversificar con valor e inclusión: la ruta de la reactivación

Diversificar con valor e inclusión: la ruta de la reactivación

El Perú vive un momento crucial. El nuevo gobierno ha definido cuatro ejes para la reactivación, y uno de ellos —el impulso a la economía mediante las exportaciones— puede marcar la diferencia entre un rebote pasajero y un verdadero crecimiento sostenido.

Para lograrlo, debemos apostar por exportaciones diversificadas, con valor agregado e inclusión productiva. Durante los primeros ocho meses de 2025, las agroexportaciones peruanas alcanzaron los US$ 8.134 millones, con un crecimiento de 19,6 % respecto al año anterior. Los productos líderes —palta, uva, arándano, mango y cacao— confirman que el agro peruano se ha consolidado como motor del desarrollo. Sin embargo, este éxito debe transformarse en una nueva etapa: industrializar el campo y ampliar la base exportadora.

La coyuntura global refuerza esta urgencia. La crisis comercial entre Estados Unidos y China ha generado un clima de incertidumbre que sacude las cadenas de suministro, altera los flujos de inversión y redefine los mercados. Los aranceles cruzados, la disputa tecnológica y las restricciones a las importaciones no son hechos aislados, sino expresiones de una competencia estratégica por el liderazgo mundial.

En este contexto, las grandes economías están buscando proveedores confiables, estables y con ventajas comparativas naturales. Allí aparece el Perú. Nuestra estabilidad macroeconómica, diversidad biológica y acuerdos comerciales nos colocan en una posición privilegiada.

Si el país acelera su diversificación productiva —promoviendo nuevos cultivos, fortaleciendo agroindustrias regionales y mejorando la logística exportadora—, podrá convertirse en proveedor estratégico de alimentos y bioproductos tanto para Norteamérica como para Asia.

La demanda de ambos mercados es clara: EE. UU. busca sustituir importaciones chinas y fortalecer sus cadenas regionales; China, por su parte, necesita asegurar su abastecimiento de alimentos saludables y materias primas sostenibles. En esa pugna, el Perú puede crecer ofreciendo productos diferenciados, naturales y de alta calidad. Si aprovechamos la coyuntura, las exportaciones agroindustriales podrían duplicarse en cinco años, generando empleo formal, inversión privada y reducción de la pobreza rural.

El concepto de gobernanza productiva, que vengo impulsando, cobra aquí total sentido: unir esfuerzos de sectores como la minería y la agroindustria para desarrollar infraestructura, energía y valor en las regiones. No hay reactivación sin inclusión, ni crecimiento sin transformación. El momento de actuar es ahora. Mientras las potencias compiten, el Perú puede construir su propio modelo de desarrollo: diversificado, innovador y equitativo. Porque solo una economía que produce más, transforma mejor e incluye a todos garantizará una reactivación verdaderamente nacional.