Por: Gabriel Amaro, presidente de AGAP
(Agraria.pe) El desarrollo de la agricultura peruana es una de las historias de transformación más importantes del país en las últimas décadas. Hoy, gracias al esfuerzo conjunto de miles de productores, trabajadores, empresarios y políticas públicas que promovieron la inversión y la formalización, el Perú se ha consolidado como un proveedor confiable de alimentos de gran calidad para el mercado local y para el mercado internacional.
Este crecimiento es producto de millones de peruanos – desde el pequeño agricultor y su familia que trabajan la tierra día a día, hasta los trabajadores agrarios, técnicos, profesionales y empresas agroexportadores y agroindustriales – que hacen posible que nuestros productos lleguen a más de 140 destinos en el mundo y, al mismo tiempo, abastezcan diariamente las mesas de los más de 33 millones peruanos.
Uno de los factores que permitió este avance fue la Ley de Promoción Agraria, reconocida por políticos de todas las tendencias. Por ello, lo probadamente bueno debe continuar y potenciarse. Por tanto, la nueva Ley Agraria (Ley N° 32434) debe consolidarse como una herramienta integradora de todo el sector agrario y potenciadora de la inversión, competitividad, formalización y modernización, beneficiando tanto a grandes, medianos y pequeños productores como a miles de trabajadores del sector.
Sin embargo, para que esta visión de desarrollo continúe, existe un elemento fundamental: la estabilidad política y jurídica. No puede haber “desarrollo humano” sin crecimiento económico generado por la inversión que es la única que crea riqueza y sostiene el empleo.
El Perú tiene todas las condiciones para seguir consolidándose como una potencia agroalimentaria mundial. Pero ese camino requiere visión de largo plazo, unidad y el compromiso de seguir construyendo oportunidades y mejora de calidad de vida para millones de familias peruanas.