En estas Fiestas Patrias no basta con celebrar nuestra independencia política. También debemos preguntarnos cuánto hemos avanzado hacia una verdadera independencia económica, institucional y territorial.
Compararnos solamente con otros países de América Latina puede resultar complaciente. Durante los últimos cuarenta y cinco años, buena parte de Asia ha crecido y transformado su estructura productiva de manera importante, mientras nuestra región ha perdido dinamismo. La distancia seguirá aumentando si continuamos administrando las brechas en lugar de construir una estrategia propia de desarrollo.
Las grandes potencias protegen sus mercados, empresas y tecnologías, e imponen reglas que condicionan a los países menos desarrollados. Sin embargo, no podemos atribuir nuestras limitaciones únicamente a factores externos. Históricamente, gran parte de nuestras autoridades no han estado a la altura de las necesidades del país.
Una independencia que todavía debe completarse
Ha predominado un colonialismo mental que atraviesa gobiernos, partidos e ideologías. Copiamos modelos, multiplicamos instituciones y distribuimos presupuestos sin una visión nacional. El costo se expresa en pobreza, educación deficiente, servicios precarios, oportunidades perdidas, territorios abandonados y vidas prematuramente interrumpidas.
El país necesita renovar el Estado, emprender una verdadera reingeniería institucional y reconceptualizar e incrementar el presupuesto público. Este no debe ser solamente un mecanismo anual de distribución de recursos, sino el principal instrumento para transformar la economía, reducir desigualdades y modificar las condiciones de vida en los territorios.
Sin embargo, estas reformas no son comprendidas plenamente por quienes gobiernan ni por quienes ejercen la oposición. El nuevo Congreso debería debatir la reorganización del Estado y una estrategia nacional de desarrollo, pero hay riesgo de que quede nuevamente atrapado, en gran medida, en la coyuntura, la confrontación y la distribución del poder.
Retomar la descentralización con sentido estratégico
Dentro de esta transformación debe retomarse la descentralización, no como una simple transferencia de oficinas, funciones o presupuestos, sino como una reorganización democrática, económica y territorial del país.
Tres o cuatro regiones integradas pueden ser más fuertes que varias regiones actuando aisladamente. La integración no significa perder identidades locales, sino alcanzar una escala suficiente para sostener infraestructura, inversiones, innovación, servicios especializados y mercados más amplios.
El enfoque de corredores económicos debe ser parte central de esta estrategia. Las regiones necesitan conectar sus áreas productivas, ciudades intermedias, carreteras, plataformas logísticas, centros de transformación, universidades y mercados.
Un corredor económico no es únicamente una vía de transporte. Es una red que articula producción, servicios, tecnología, financiamiento, transformación y comercialización. Si las carreteras sirven solamente para trasladar materias primas hacia Lima o al exterior, sin generar valor en los territorios de origen, su contribución al desarrollo será limitada.
Mercados regionales para reducir la dependencia de Lima
Por ello, resulta indispensable fortalecer los mercados locales y regionales. No habrá descentralización efectiva mientras las economías del interior dependan casi exclusivamente de Lima para vender, comprar, financiarse o tomar decisiones.
Desarrollar mercados regionales implica organizar la oferta productiva, mejorar la comercialización, promover compras públicas territoriales, ampliar el crédito e integrar a productores, empresas, universidades y gobiernos subnacionales. Las ciudades intermedias deben convertirse en centros de servicios, conocimiento y transformación productiva.
Agroindustria básica y continuidad institucional
La política agraria tampoco debería detenerse en la producción primaria. Debe acompañar al productor durante las primeras etapas de generación de valor, evitando que quede atrapado entre competencias institucionales fragmentadas.
Debe evaluarse que la agroindustria básica sea conducida o coordinada principalmente por el MIDAGRI. Esto incluiría procesos directamente relacionados con la producción agropecuaria, como selección, clasificación, lavado, conservación, secado, acopio, molienda, transformación primaria y envasado.
El MIDAGRI debería acompañar de manera continua al productor desde el campo hasta la obtención de un producto transformado, con calidad suficiente para ingresar al mercado. La asistencia técnica, la asociatividad, la infraestructura, la inocuidad, el financiamiento y la articulación comercial deben formar parte de una misma intervención.
PRODUCE podría concentrarse en los procesos industriales de mayor complejidad, el escalamiento empresarial, el diseño y el desarrollo de nuevos productos. De manera ilustrativa, el MIDAGRI podría acompañar la transformación del cereal en harina, mientras PRODUCE apoyaría la elaboración de galletas, pastas u otros productos industriales.
No se trata de levantar nuevas fronteras burocráticas, sino de asegurar una continuidad institucional desde la producción hasta el mercado. Actualmente, numerosos productores quedan abandonados precisamente cuando necesitan transformar sus productos y mejorar sus ingresos.
Reconceptualizar los CITE
En este marco también debe revisarse el papel de los Centros de Innovación Productiva y Transferencia Tecnológica. Los CITE no pueden seguir funcionando como unidades aisladas ni limitarse a ejecutar capacitaciones o asistencias técnicas sin conexión suficiente con las estrategias productivas territoriales.
Deben reconceptualizarse como plataformas de innovación, transformación y acceso a mercados. Sus resultados deberían medirse por mejoras en productividad, calidad, reducción de costos, ventas, empleo e innovación, y no solamente por el número de actividades realizadas.
Los CITE agrarios deberían trabajar de manera estrecha y permanente con el MIDAGRI, los gobiernos regionales, las organizaciones de productores, las universidades y los centros de investigación. Su intervención debe responder a cadenas productivas priorizadas, corredores económicos y mercados previamente identificados.
También podría evaluarse su adscripción funcional, cogestión o coordinación vinculante con el MIDAGRI, manteniendo en PRODUCE las competencias relacionadas con la industrialización de mayor escala. Lo importante no es únicamente dónde se ubican administrativamente, sino cómo contribuyen a una política continua de generación de valor.
Juventud, universidades e innovación territorial
Estas transformaciones y demás necesitan una juventud innovadora y comprometida. Los jóvenes rurales, técnicos y universitarios deben participar tempranamente en proyectos comunitarios, investigaciones, emprendimientos e iniciativas de desarrollo local.
Los jóvenes urbanos deberían conocer el interior del país no solo como turistas, sino como ciudadanos dispuestos a comprender sus brechas y potencialidades. Las universidades e institutos deben vincular la formación profesional con el trabajo territorial, la innovación y la solución de problemas reales. Sobre eso deben ser también sus tesis.
Información, inteligencia artificial y planificación
El Perú también necesita información confiable sobre producción, mercados, empleo, infraestructura y brechas sociales. Sin información oportuna, la planificación se convierte en una formalidad y el presupuesto termina respondiendo a presiones coyunturales.
En estas Fiestas Patrias debemos reconocer que el desarrollo no llegará por inercia. Requiere renovar el Estado, reformar el presupuesto, integrar regiones, desarrollar corredores económicos, fortalecer mercados, subir a la inteligencia artificial y asegurar la continuidad entre producción, innovación, transformación y comercialización.
Si estas reformas no aterrizan en los territorios, continuaremos dando pasos en falso. Mientras otros países integran sus economías, fortalecen sus capacidades tecnológicas y transforman su producción, el tren del desarrollo seguirá alejándose. Recuperar el rumbo todavía es posible, pero exige decisión política, instituciones eficaces y una ciudadanía comprometida con una verdadera independencia nacional.
¡Es posible todavía subir la montaña! ¡¡¡Felices Fiestas Patrias!!!