COLUMNA DE:
Tony Salas

Tony Salas

MS, MBA, PhD - Consultor internacional en agronegocios, innovación y sostenibilidad, con más de 500 proyectos en agroindustria, energía renovable e inversiones de impacto en más de 30 países. Ha asesorado transacciones en agro por cerca de USD 1,000 millones. Conduce el podcast “El Agronauta”. Fundador y Presidente de ACM Consulting.
21 febrero 2026 | 03:08 pm Por: Tony Salas

Historias del Agronauta: ¡Ministro! ¿Qué hacemos ahora?

Historias del Agronauta: ¡Ministro! ¿Qué hacemos ahora?

En estos días he tenido que hacer una breve pausa antes de seguir con las historias sobre el agua que les venía contando. No por falta de material —eso nunca falta en el agro peruano—, sino porque justo hoy por la mañana fui consultado por personas cercanas al nuevo Presidente sobre cuál debería ser la agenda del MIDAGRI para los próximos 150 días.

La pregunta no era menor. Todo gobierno quiere dejar huella, impulsar proyectos emblemáticos y mostrar resultados en poco tiempo. Y como después de casi una docena de Ministros en el periodo de Perú Libre no han dejado gran cosa en el agro, me pidieron sugerencias para hacer la diferencia en tiempo suplementario. Para su sorpresa, la respuesta de este agronauta, fue poco auspiciosa.

A la velocidad de motocar, viejo y en subida, a la que opera el sector público, intentar impulsar cambios estructurales o proyectos de gran impacto en cinco meses resulta, en la práctica, inviable. En ese contexto, lo más razonable es asegurar continuidad operativa, realizar ajustes mínimos y preparar una transición ordenada hacia el siguiente gobierno, que no sé si contará con las capacidades, pero sí con el tiempo —y la paciencia— necesarios para plantear reformas de fondo.

Desde hace años sostengo que la competitividad del agro peruano descansa, principalmente, en tres pilares: agua, agricultura familiar y agroexportación. En un periodo tan corto, la prioridad no debe ser reinventarlos, sino evitar que se nos caigan encima.

Hoy el sector agrario enfrenta un escenario complejo: alta sensibilidad climática, presión sobre los costos de producción, tensiones territoriales por el uso del agua y un entorno político transitorio. En estas condiciones, la gestión ministerial debe enfocarse en garantizar estabilidad productiva, previsibilidad regulatoria y continuidad institucional, evitando reformas que generen más titulares que resultados.

El objetivo estratégico de este periodo de transición debería ser claro: preservar la campaña agrícola, proteger el flujo exportador y asegurar una transición institucional ordenada. Nada más. Nada menos.

Agua: gestión básica para evitar incendios

La disponibilidad y distribución eficiente del agua es el principal determinante de estabilidad productiva en el corto plazo. Es evidente que el siguiente gobierno deberá abordar temas estructurales como la descolmatación de reservorios, la construcción de trasvases, el monitoreo integral de pozos y ríos y la recarga de acuíferos. Pero en el corto plazo, la prioridad debe ser operativa, toca administrar bien lo que hay. Así que resulta fundamental:

(i) Activar un sistema de monitoreo semanal de disponibilidad hídrica con la ANA y los gobiernos regionales.
(ii) Supervisar niveles de reservorios estratégicos y cuencas con estrés hídrico.
(iii) Coordinar mecanismos de prevención de conflictos por uso del agua.
(iv) Asegurar la operatividad del Seguro Agrícola Catastrófico frente a eventos extremos.

Estas acciones básicas permiten reducir riesgos productivos y disminuir la conflictividad territorial, un factor clave en contextos de escasez y se evita que los conflictos por el agua terminen resolviéndose bloqueando carreteras.

Agricultura familiar: sin capital ni insumos, no hay campaña

En la agricultura familiar, la disponibilidad de capital de trabajo es crítica para el desarrollo de la campaña agrícola, así como el acceso oportuno a insumos estratégicos. Por ello, será fundamental:

(i) Garantizar la continuidad de las líneas de crédito y fondos de garantía vigentes.
(ii) Monitorear los indicadores de morosidad y riesgo sistémico.
(iii) Simplificar procesos administrativos para desembolsos en curso.

Estas medidas ayudan a evitar la contracción del área sembrada y reducen la tensión social en zonas rurales. Asimismo, la volatilidad de precios de insumos y alimentos básicos exige seguimiento permanente. En ese sentido, se deberá:

(i) Implementar un monitoreo semanal de precios de productos sensibles como arroz, papa y maíz.
(ii) Coordinar respuestas intersectoriales ante distorsiones severas.

Agroexportación: no estorbar también es gobernar

En materia de agroexportación, el rol del MIDAGRI en un periodo de transición es esencialmente preventivo: evitar retrocesos y dejar que fluya. Será necesario:

(i) Continuar destrabando procesos de certificación sanitaria y fitosanitaria a través del SENASA.
(ii) Coordinar con el MINCETUR ante alertas comerciales o barreras técnicas.
(iii) Evitar modificaciones regulatorias que afecten la previsibilidad del sector.
(iv) Asegurar la continuidad operativa de proyectos de irrigación ya avanzados.

Estas acciones son clave para proteger un flujo exportador que este año superará los USD 15 mil millones, que genera empleo formal, paga impuestos y sostiene economías regionales. No es poca cosa, aunque a veces lo tratemos como si lo fuera.

Institucionalidad: dejar la casa ordenada

Agronautas, tengo una visión muy crítica sobre la estructura y el ineficiente funcionamiento del MIDAGRI, y sobre lo anacrónico de muchos de sus procesos. Sin embargo, ese tema merece su propia terapia… perdón, su propia historia. En un periodo de transición, lo prioritario es fortalecer la estabilidad institucional. Para ello, será fundamental:

(i) Ordenar la cartera de proyectos y la ejecución presupuestal.
(ii) Preparar un informe técnico sólido para el siguiente gabinete.
(iii) Evitar reformas estructurales o rediseños normativos de largo plazo.

Una transición desordenada se paga después. Siempre.

Reflexión final

Mi consejo para el nuevo Ministro —que bien podría quedarse el actual y, en la práctica, no cambiaría mucho— es sencillo: en un periodo de 150 días, el enfoque debe ser la gestión de riesgos y la preservación de la estabilidad sectorial.

Confieso que probablemente me engaño a mí mismo si creo que estas sugerencias serán tomadas muy en serio, puedo asegurar que va a entrar un nuevo Ministro y va a cambar hasta al ascensorista. Tengo la impresión de que, cuando les dije lo que pensaba, se les cayó la ilusión de “voltear el partido” y ganar por goleada. Pero no podía decirles otra cosa.

En este periodo, el éxito no se medirá por reformas anunciadas ni por conferencias de prensa, sino por la ausencia de crisis, conflictos o retrocesos.

Reconozco que no es una visión especialmente inspiradora. No da para discursos épicos ni para placas conmemorativas. Pero, con el marcador como está —y siendo en buena parte consecuencia de decisiones pasadas—, no toca jugar bonito. Toca jugar inteligente. Y, por ahora, jugar al empate.

En el contexto actual, lograr que el sistema siga funcionando ya es, en sí mismo, un resultado relevante.

Con la fe intacta en el agro (esperando en el MIDAGRI al Ministro N°12),

un abrazo,
Agronautas.