(Agraria.pe) “El sector agroalimentario cumple un rol claro y protagónico en la seguridad alimentaria de nuestro país y del mundo, ya que estamos siendo capaces de proveer a la humanidad de alimentos saludables, inocuos, accesibles y competitivos”, destaca la vicepresidenta de la Asociación de Gremios Productores Agrarios del Perú (AGAP), Rosario Bazán.
Señala además que este sector genera un impacto positivo en el crecimiento inclusivo y en la reducción estructural de la pobreza. “El sector agroindustrial peruano se ha convertido en un verdadero motor de desarrollo descentralizado en nuestro país y en el principal sector generador de empleo formal en el Perú”.
Indicó que las empresas agroexportadoras peruanas, de la mano con los pequeños agricultores y las cadenas productivas, las cuales constituyen un eslabón clave en la cadena de suministro, han sido capaces de posicionarse en los mercados más exigentes del mundo, con los más altos estándares de calidad, a través de las frutas y hortalizas finas y; los superfoods que producimos.
En ese sentido, destacó que el desarrollo agrario de nuestro país se construye desde las regiones. Al respecto, resaltó que la macroregión norte del país (Áncash, La Libertad, Lambayeque, Piura, Tumbes, Cajamarca y San Martín) es hoy, uno de los lugares más estratégico para el país.
Uno de los factores determinantes en la reducción estructural de la pobreza en nuestro país, indica la representante gremial, es la incorporación de la mujer en el mercado laboral formal a través del sector agroalimentario peruano.
En el año 2000, asegura la también presidenta del directorio de Danper, “de cada tres trabajadores en nuestra empresa una era mujer, hoy, de cada 2 trabajadores una es mujer”.
Según cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), las mujeres invierten el 90% de sus ingresos en la alimentación, la salud y la educación de sus hijos, brindándoles a ellos las oportunidades de desarrollo que no pudieron tener. “De esa manera, las mujeres y los varones comprometidos con el desarrollo del Perú están interrumpiendo la transición de la pobreza de una generación a la siguiente”.
Resaltó que el sector agroalimentario peruano está siendo capaz de generar productividad, innovación, competitividad, pero, sobre todo, está demostrando ser capaz de generar empleo digno, oportunidades de desarrollo para miles de familias, inclusión y empoderamiento de la mujer y exclusión estructural de la pobreza.
Rol del Estado
Para sostener este impacto social, Rosario Bazán dijo que se necesita que el Estado garantice el estado de derecho, la estabilidad macroeconómica y seguridad jurídica. Que ejecute políticas públicas efectivas, que generen condiciones para promover las inversiones con impacto positivo. “Urge que el Estado invierta en infraestructura social impostergable en los servicios básicos de desarrollo humano (agua, desagüe, salud, educación, seguridad)”.
Concluyó que debemos continuar trabajando para lograr destrabar y preservar los proyectos de irrigación estratégicos en el Perú como son Chavimochic III, Majes Siguas II, Olmos II, ya que sin agua no hay agricultura. “Cada hectárea que se incorpora a la producción formal es una oportunidad para generar empleo formal, para integrar pequeños agricultores a las cadenas globales de valor y para ofrecer al mundo alimentos seguros, saludables y competitivos”.