(Agraria.pe) El mercado mundial del cacao ha dado un giro radical en los últimos meses. Tras la euforia que llevó su precio a máximos históricos —rozando los 10 000 dólares por tonelada entre 2024 y 2025, debido a cosechas débiles en África Occidental, enfermedades, fenómenos climáticos extremos y un ajuste de inventarios—, en febrero de 2026 el grano ha sufrido una corrección brutal: el precio ha caído cerca de un 70% desde su pico, arrastrado por señales de mayor oferta global, expectativas de superávit y una demanda que se ha reajustado tras el encarecimiento del chocolate.
Lo que está sucediendo no es una crisis estructural, sino la normalización de un ciclo tras una burbuja de escasez explica Johnny Martínez, consultor en trazabilidad y cumplimiento. Refiere que el alza de precios no se debió a un aumento real del consumo, sino a un shock de oferta que desató el pánico comprador. "Con mejores perspectivas productivas, el mercado ya anticipa excedentes y la industria ha reaccionado ajustando fórmulas, reduciendo gramajes y adaptando la demanda", añade.
Para el caso peruano, el consultor subraya que el récord exportador alcanzado en los últimos años se explica más por el precio que por un aumento de volumen. "El crecimiento reciente fue coyuntural. Ahora, con precios en proceso de normalización, Perú entra en una nueva etapa donde la rentabilidad dependerá de la gestión comercial, la calidad y el posicionamiento en los mercados internacionales, y no tanto de la coyuntura del mercado", sostiene Martínez.
Los riesgos inmediatos para los productores y exportadores peruanos, según el especialista, pasan por la compresión de márgenes, contratos spot menos rentables, mayores exigencias de trazabilidad, cumplimiento medioambiental, y una competencia creciente de países como Ecuador y los productores africanos.
Ante este escenario, Martínez recomienda una hoja de ruta clara para no perder competitividad: migrar de volumen a valor apostando por más cacao fino, orgánico y de especialidad; blindar el acceso a la Unión Europea mediante la trazabilidad digital y el cumplimiento temprano de la normativa EUDR; avanzar en la integración vertical para exportar más derivados (licor, manteca, nibs) y no solo grano; y, finalmente, activar inteligencia comercial para diversificar destinos, con especial atención a Asia y Oriente Medio, mercados que aún están subcomprados.