(Agraria.pe) Durante la última década, el agro en Latinoamérica ha experimentado una de sus revoluciones más profundas, impulsada por la innovación y la adopción tecnológica, según César Urutia, director de SpaceAG. “El agro no se transformó solo. Se transformó porque alguien se atrevió a innovar”, señala Urutia, quien ha sido testigo y protagonista de esta evolución.
El salto tecnológico no fue una moda, sino una necesidad ante la complejidad de producir en condiciones adversas. La costa peruana, caracterizada por sus dunas y ausencia de lluvias, hoy posiciona al país como el primer exportador mundial de arándanos. “Eso no es casualidad. Eso no es ‘buena tierra’. Eso es tecnología, ingeniería, riego tecnificado y visión de largo plazo”, enfatiza el director de SpaceAG.
El desarrollo de sistemas de riego por goteo, controladores automatizados y mesas de fertilización ha permitido convertir extensos desiertos en zonas altamente productivas. Además, el mejoramiento genético de variedades como Biloxi ha dado lugar a frutos más resistentes, sabrosos y de mejor calibre, facilitando la expansión de grandes empresas como Hortifrut y Camposol.
Sin embargo, el crecimiento trajo nuevos desafíos: la gestión eficiente de grandes extensiones de tierra. Hace una década, SpaceAG introdujo los primeros drones de ala fija en Perú, equipados con cámaras capaces de medir estrés hídrico y vigor vegetativo NDVI. “No puedes gestionar lo que no puedes ver. Hoy, las principales agroexportadoras monitorean miles de hectáreas desde el espacio, combinando satélites y drones para entender la variabilidad real del cultivo”, afirma Urutia.
La revolución tecnológica no se detuvo en las imágenes aéreas; fue fundamental conectar los datos con la realidad del campo. Aplicativos móviles, geolocalización, reportes automáticos y alertas en tiempo real vía WhatsApp dejaron atrás los recorridos aleatorios y el clásico cuaderno de campo. Con millones de datos estandarizados, la inteligencia artificial empezó a generar valor tangible: detección automática de plantas muertas, proyecciones de cosecha más precisas y correlaciones de variables ambientales con enfermedades como la botrytis.
Pero el éxito tiene su paradoja. El crecimiento de la producción no garantiza mayores ganancias. Según Urutia, “el éxito del arándano también redujo los márgenes”, debido al aumento de costos de producción, laborales y exigencias internacionales. Hoy, la rentabilidad depende de la eficiencia y del control operativo.
Un reto silencioso sigue siendo la mano de obra. “La tecnología sin personas capacitadas no escala”, advierte. El sector enfrenta escasez de trabajadores, alta rotación y una urgente necesidad de capacitación técnica para interpretar datos y operar nuevas herramientas. La próxima ventaja competitiva será, más que tecnológica, humana.
Actualmente, plataformas integradas permiten visualizar información satelital, monitorear el riego y la fertilización, detectar fallas y plagas, y optimizar la calidad y el uso de mano de obra. Sin embargo, Urutia lanza una advertencia: “El futuro del agro no es más tecnología. Es mejor gestión. No gana el que compra más tecnología, sino el que la integra y la convierte en decisiones”.
La pregunta clave para el sector agrícola peruano, concluye el director de SpaceAG, ya no es si digitalizarse, sino cuánto margen se pierde por no tener control total de la operación.