COLUMNA DE:
Juan Faustino Escobar

Juan Faustino Escobar

Economista, Gerente General de la consultora Planeamiento & Gestión S.A.C., con estudios de maestría concluidos en Gestión Pública. Formula proyectos, planes de negocios, estrategias y es capacitador en temas de gestión empresarial: planificación estratégica y mercadeo de servicios. Ha realizado servicios para agencias de cooperación internacional, grandes empresas e instituciones públicas por más de 20 años. En ese marco, tiene capacidad para sostener diagnósticos y propuestas al más alto nivel basado en novedosos enfoques, estrategias y herramientas.
20 octubre 2025 | 01:32 pm Por: Juan Faustino Escobar

El crecimiento desigual del Perú: riqueza sin desarrollo

El crecimiento desigual del Perú: riqueza sin desarrollo

El Perú, al cierre de 2024, mostraba un rostro económico profundamente desigual. Las cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) revelaban un crecimiento regional desbalanceado que, lejos de reducir la pobreza, consolidaba un modelo económico concentrador y centralista. Mientras algunas regiones exhibían niveles elevados de producto per cápita, vastos territorios andinos y amazónicos permanecían atrapados en una estructura productiva primaria y de baja productividad.

Según los datos oficiales de ese año, Moquegua encabezaba el ranking con un PBI per cápita de S/ 67,872, más de tres veces el promedio nacional (S/ 17,151), impulsado principalmente por la renta minera. En contraste, departamentos como Ayacucho, Cajamarca, Puno, Amazonas o San Martín no superaban los S/ 9,000 por habitante, evidenciando una brecha económica persistente que no se ha cerrado en las últimas décadas. A su vez, el PBI regional total confirmaba que Lima concentraba más del 45 % de la producción nacional, reforzando el histórico centralismo económico del país.

Tabla 01. PBI per Cápita por Departamentos 2019 – 2024 (en soles del 2007)

Departamento

2019

2020

2021

2022

2023

2024

 

Nacional

17,012

14,922

16,706

16,990

16,756

17,151

01

Amazonas

7,476

7,100

7,285

7,132

7,267

7,072

02

Ancash

17,152

15,888

18,060

18,186

17,458

17,854

03

Apurímac

16,692

14,971

15,293

14,637

15,614

16,813

04

Arequipa

21,442

17,690

19,625

20,288

19,806

19,593

05

Ayacucho

8,926

7,772

8,649

8,939

8,763

9,151

06

Cajamarca

7,929

7,093

7,892

8,183

8,155

8,252

07

Cusco

16,417

14,211

15,027

15,560

16,108

16,152

08

Huancavelica

9,502

8,977

9,744

9,781

10,201

11,546

09

Huánuco

8,004

7,152

7,871

8,238

8,774

9,240

10

Ica

18,584

16,010

19,647

20,462

20,055

20,191

11

Junín

11,356

10,183

11,644

11,878

11,471

11,610

12

La Libertad

11,434

10,524

11,488

11,501

11,142

11,698

13

Lambayeque

9,375

8,656

9,864

9,980

9,542

9,902

14

Lima

20,874

18,007

20,212

20,467

19,957

20,368

15

Loreto

9,196

7,816

8,583

8,972

9,139

9,594

16

Madre de Dios

12,673

9,249

9,758

9,633

9,429

9,512

17

Moquegua

44,350

44,537

47,743

53,092

65,804

67,872

18

Pasco

20,003

16,291

19,464

19,958

20,426

19,969

19

Piura

10,244

9,219

10,182

10,011

9,992

9,943

20

Puno

7,913

7,033

7,866

8,189

7,612

8,621

21

San Martín

6,877

6,503

6,881

6,827

6,884

6,935

22

Tacna

24,057

22,911

23,484

21,823

21,669

22,556

23

Tumbes

11,835

10,011

10,748

11,347

10,688

11,442

24

Ucayali

8,051

6,827

7,586

7,688

7,637

7,441

Fuente: INEI / Econ. Denis Pereyra

Según el cuadro previo, la movilidad per cápita nacional ha sido simbólica en los últimos 6 años.

Estas cifras no solo miden producción, sino también la capacidad desigual de generar bienestar. El dinamismo de regiones mineras como Moquegua o Apurímac no se traduce en mejores condiciones de vida locales, pues los efectos del crecimiento se concentran en enclaves empresariales, con escasos encadenamientos hacia las economías campesinas o los servicios locales. Es un crecimiento sin derrame social, dependiente de los precios internacionales y con poca articulación interna.

Por el contrario, en las regiones rurales y amazónicas —donde predominan la agricultura familiar, la forestería y el comercio informal— el bajo nivel de productividad y la débil infraestructura limitan el acceso a oportunidades. Allí, la pobreza supera el 30 % y la pobreza extrema afecta entre el 8 % y el 15 % de la población, especialmente en las zonas altoandinas. El contraste entre el brillo macroeconómico y la precariedad territorial sigue siendo la paradoja estructural del Perú contemporáneo.

El análisis regional revela un país fracturado entre un centro moderno y una periferia postergada. Lima, Arequipa y La Libertad concentran la industria, el comercio y los servicios, mientras la selva y la sierra sur continúan subordinadas a actividades extractivas o de subsistencia. El modelo productivo vigente reproduce desigualdad territorial: genera empleo urbano temporal y exportaciones de bajo valor agregado, pero no eleva la calidad de vida rural ni impulsa la diversificación productiva.

Además, los recursos del canon y las regalías no han logrado revertir esta desigualdad. Su uso, muchas veces limitado a obras de infraestructura básica o proyectos inconclusos, no ha transformado las economías locales. La descentralización, con competencias entreveradas entre el Ejecutivo y los Gobiernos Regionales, sin verdadera autonomía fiscal ni capacidad de gestión, ha sido más administrativa que productiva.

Superar este desequilibrio estructural exige una reconceptualización y reorientación profunda del modelo de desarrollo. No basta con crecer; es necesario diversificar. Las regiones deben potenciar su capacidad endógena mediante la innovación, la generación de valor agregado, la industrialización descentralizada y el impulso de cadenas de valor agroalimentarias, forestales y turísticas sostenibles. Ello implica mejorar la infraestructura logística, la conectividad digital y el acceso a financiamiento productivo y a mercados.

A la par, se requiere una política fiscal redistributiva y territorialmente equitativa, que priorice la inversión en educación, salud, innovación, riego y programas de siembra y cosecha de agua en las zonas rurales. El objetivo debe ser cerrar brechas estructurales y promover el desarrollo sostenible, no solo ejecutar presupuestos.

El cambio más decisivo, sin embargo, radica en valorar la economía agraria. El 75 % de los alimentos que consumen los peruanos proviene de los pequeños productores, quienes continúan invisibles ante la política económica. Incorporarlos al desarrollo significa garantizar asistencia técnica, formalización, acceso a recursos, mercados y sostenibilidad ambiental. Sin ellos, no hay seguridad alimentaria ni desarrollo humano posible.

El crecimiento del Perú no puede seguir medido solo por el PBI. La verdadera medida del progreso es la reducción de las desigualdades territoriales y la expansión de las capacidades humanas. Sin embargo, también es necesario identificar y fortalecer motores de desarrollo económico regional, con una mirada de inversión diferenciada por región y provincia.

El país necesita transitar de un crecimiento extractivo a un desarrollo equitativo, descentralizado y sostenible, donde cada región tenga la oportunidad de prosperar en función de su propio potencial. Solo así el Perú podrá dejar de ser una economía fragmentada y convertirse en una nación cohesionada, donde la riqueza no sea privilegio de pocos, sino fundamento de bienestar para todos.