(Agraria.pe) La industria mundial de los arándanos, y en especial la peruana, atraviesa una etapa de cambio radical en la que solo quienes sepan adaptarse a tiempo sobrevivirán al nuevo paradigma. Así lo sostiene José Antonio Gómez Bazán, ex CEO de Camposol, quien advierte que la denominada “segunda ola” ha transformado por completo las reglas del juego.
“Hace unos años, el negocio era simple: plantar rápido, escalar con agilidad y aprovechar el momento marcaba la diferencia entre ganar y perder. Ese mundo ya no existe”, afirmó el experto. Hoy, el negocio es más complejo, menos indulgente y esencialmente estratégico. La clave ya no está solo en la genética ni en la calidad, sino en el acceso, la velocidad y la estructura del modelo de negocio.
De la excepcionalidad a la norma: el auge del arándano premium
El punto de inflexión es claro: el 51% de las exportaciones peruanas de arándanos ya son de variedades premium. Lo que antes era un privilegio hoy es el estándar, perdiendo así su valor como diferenciador. “Premium ya no es escaso y, por tanto, no puede sostener precios extraordinarios para todos. La calidad sigue importando, pero ahora el listón está mucho más alto”, explica Gómez Bazán.
La irrupción de los clubes varietales
En este nuevo escenario, los denominados “clubes varietales” juegan un papel decisivo. Estos ecosistemas cerrados, donde productor, obtentor y comercializador están alineados, delimitan quién puede plantar, cuánto y a través de qué canales vender.
“Una parte creciente del volumen premium ya no se mueve en mercados abiertos, sino en ecosistemas cerrados donde productor, obtentor y comercializador están estrechamente alineados. Estos acuerdos no solo definen la genética; definen quién puede plantar, cuánto se puede plantar y por qué canales se puede vender la fruta. En la práctica, premium ya no es un mercado libre.”, subraya Gómez Bazán. Quedarse fuera de estos clubes supone perder acceso y, en consecuencia, relevancia comercial.
El declive de las variedades tradicionales
Variedades emblemáticas como Biloxi, Ventura o Emerald, que impulsaron la primera expansión peruana, muestran signos de agotamiento frente al nuevo estándar. “No van a desaparecer de un día para otro, pero pierden competitividad en precio, preferencia y acceso a canales premium. Los productores expuestos a ellas afrontarán márgenes más estrechos y restricciones crecientes”, advierte.
El verdadero reto: capital, acceso y velocidad
El mayor desafío no es saber qué plantar, sino contar con el capital y la agilidad para hacer la transición a tiempo. “La conversión varietal requiere recursos, ‘timing’ y ejecución. No todos llegan preparados”, señala. La industria habla mucho de genética, pero muy poco de balances: la falta de capital oportuno y la lentitud en la toma de decisiones penalizan más que la ignorancia agronómica.
La brecha estructural y el nuevo valor
En este contexto, la brecha entre productores se amplía. Quienes dependen de terceros para acceder a nuevas genéticas enfrentan mayores costes y demoras; quienes han desarrollado capacidades propias pueden adaptarse más rápido y a menor coste. “La ventaja ya no está en la variedad, sino en el acceso, la velocidad y la estructura que sostiene el negocio”, concluye el experto.
La industria ya cambió. La pregunta no es si se produce mejor fruta, sino si se tiene el capital, el acceso y la velocidad necesarios para seguir siendo competitivos. “La segunda ola ya está aquí”, sentencia Gómez Bazán.