31 marzo 2025 | 10:40 am Por: Redacción

Proyección de la consultora Fresh Fruit

El clima se mantiene como un factor de riesgo moderado para el 2025

El clima se mantiene como un factor de riesgo moderado para el 2025
Se proyecta que tanto este año como el siguiente se incrementará la incidencia de olas de calor, friajes intensos y lluvias de mayor intensidad de lo habitual, lo que podría afectar la productividad agrícola a nivel nacional.

(Agraria.pe) Si bien la agroexportación peruana ha mostrado un crecimiento constante en los últimos años, su evolución siempre ha estado fuertemente condicionada por el factor climático. El desempeño exitoso o deficiente de los productos más destacados de la canasta agroexportadora depende en gran medida del estado del clima en las regiones productoras. Un claro ejemplo han sido los dos últimos años: en el 2023, el ciclón Yaku limitó de forma notable el crecimiento de las agroexportaciones del norte del país, provocando que muchos cultivos —como la uva, el arándano y el mango— no lograran tener campañas exitosas; mientras que en el 2024, a pesar de temperaturas elevadas, la normalización parcial del clima permitió que muchas campañas retomaran una senda de crecimiento regular.

Para el 2025 se presentarían diversos fenómenos meteorológicos que podrían amenazar al sector agroexportador. El más destacado y conocido es, probablemente, el fenómeno El Niño, el cual tiene una recurrencia de entre 2 y 7 años, aunque en las últimas temporadas aparentemente esta frecuencia se ha ido acortando. Los dos últimos eventos relevantes de este fenómeno se registraron en el 2023 —junto al ciclón Yaku— y en el 2017, ambos generaron cuantiosas pérdidas en la industria agrícola del país, además de significativos costos para la sociedad. Actualmente, el Estudio Nacional del Fenómeno El Niño se encuentra en estado de alerta ante la eventual aparición de este periodo anómalo, impulsado por el constante aumento de las temperaturas en el mar, situación similar a la observada en los meses previos a las intensas precipitaciones del 2017 y 2023.

Sin embargo, cabe aclarar que, según los pronósticos, se espera un fenómeno El Niño sin precipitaciones tan intensas como en años anteriores, al menos hasta octubre. Es importante destacar que la persistencia de temperaturas elevadas en las aguas es crucial para la intensidad del fenómeno; de no disminuir en los próximos dos trimestres, el riesgo de lluvias intensas aumentará considerablemente, especialmente en la costa norte, zona altamente sensible para la agroexportación peruana.

Además de la amenaza del fenómeno El Niño, se proyecta que tanto este año como el siguiente se incrementará la incidencia de olas de calor, friajes intensos y lluvias de mayor intensidad de lo habitual, lo que afectará la productividad agrícola a nivel nacional. Estos fenómenos climatológicos condicionan el comportamiento de los cultivos y repercuten directamente en la rentabilidad de los productores. Por ejemplo, las olas de calor influyen notablemente en los ciclos de crecimiento; la reciente crisis de sobreproducción de mango y el cruce de campañas se debió, en parte, a que las altas temperaturas aceleraron la caída de los frutos y aumentaron la demanda de agua, coincidiendo con la crisis hídrica en regiones productoras. Asimismo, la combinación de lluvias intensas y de corta duración puede propiciar la aparición de plagas al acortar los ciclos de reproducción, amenazando la calidad de los cultivos.

 

Se proyecta que, para este año, la costa norte experimentará periodos de lluvias por debajo de lo normal, intercalados con episodios de precipitaciones intensas cuando se activen condiciones atípicas, como el calentamiento del mar asociado al fenómeno El Niño (con una probabilidad cercana al 30%). Esta alternancia aumenta el riesgo de sequía, situación que ya se ha evidenciado en los últimos años, especialmente en la región de Piura. Las intensas lluvias deterioran la capacidad de almacenaje de agua; mientras que los periodos prolongados de escasas precipitaciones agotan los reservorios, poniendo en riesgo cultivos clave, tal como ocurrió con el arroz y el banano orgánico a fines del 2024.

En la costa central del Perú se prevé un ciclo de cambios graduales, pasando de un verano cálido y seco a un invierno de humedad moderada. Aunque no se esperan precipitaciones muy intensas, estas podrían variar si se prolongan los periodos de calentamiento de las aguas, especialmente en zonas como Lima y Áncash. Aun cuando la amenaza hídrica en esta región no es tan grave como en el norte, es posible que afecte de manera considerable la productividad y calidad de los cultivos.

En la costa sur se anticipan temperaturas más moderadas, aunque el estrés hídrico podría incrementarse entre un 20% y 30% debido a la alta radiación y las bajas precipitaciones proyectadas. Los cultivos frutales y ciertos vegetales en esta zona son más sensibles y carecen de la tecnificación presente en el norte o el centro; por ello, la falta de lluvias podría afectar no solo la cosecha de este año, sino también comprometer la calidad del suelo a largo plazo.

En la sierra es probable que los ciclos vegetativos se vean reducidos por episodios de frío intenso (hasta 40% más intenso) y exceso de humedad. Los productos destinados a la agroexportación en esta zona suelen tener una mayor resistencia que los frutales costeros; sin embargo, ante la falta de incorporación de variedades más resistentes, el riesgo podría incrementarse.

La selva se proyecta con altos niveles de humedad y precipitaciones, aunque, paradójicamente, en ciertos periodos se experimentará dificultad en el acceso al agua debido a la limitada capacidad de almacenaje. Esta situación puede afectar cultivos clave, como el cacao y el café, que se encuentran en un momento crucial por los altos precios internacionales. Además, los esfuerzos por aumentar los volúmenes productivos y la generación de encharcamientos podrían favorecer la aparición de plagas y enfermedades.

Aunque actualmente es imposible neutralizar por completo los efectos del clima en la producción agrícola, existen medidas que se pueden implementar para mitigar sus impactos. En primer lugar, resulta evidente la necesidad de modernizar los sistemas de riego, especialmente en la producción intensiva, combinando esta modernización con la generación de reservorios y la capacitación en el uso eficiente del agua, lo que podría suavizar los efectos de las sequías, las cuales ya han costado millones de dólares en el 2024. Además, es fundamental impulsar un cambio varietal hacia especies más resistentes a condiciones extremas, mitigando así el riesgo, especialmente en la sierra y la selva, donde se ha observado menor innovación. Por último, se debe fortalecer los sistemas de monitoreo y alertas tempranas a través del Senamhi para anticipar y gestionar de manera más efectiva las amenazas climáticas a la producción agrícola.

 

Fuente: Fresh Fruit

 

Etiquetas: cambio climatico
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