COLUMNA DE:
Miguel Ordinola

Miguel Ordinola

Secretario Ejecutivo-Alianza de Aprendizaje Perú - Docente de Post Grado de la Pontificia Universidad Católica del Perú
03 noviembre 2025 | 10:43 am Por: Miguel Ordinola

La “destrucción creativa” y la agricultura peruana

La “destrucción creativa” y la agricultura peruana

La innovación, entendida como motor de “destrucción creativa”, puede transformar profundamente la agricultura peruana (sobre todo en la sierra y la selva) al reemplazar estructuras ineficientes con nuevas tecnologías, nuevos modelos de negocio y formas de organización más productivas, resilientes e inclusivas.

Recientemente el Premio Nobel de Economía 2025 se otorgó a Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt, reconociendo su contribución a la comprensión del crecimiento económico impulsado por la innovación. De manera particular, Aghion y Howitt desarrollaron la teoría del crecimiento a través de la “destrucción creativa”, concepto originalmente formulado por Joseph Schumpeter, que describe cómo las nuevas tecnologías y procesos productivos reemplazan a los antiguos, generando aumentos sostenidos en productividad y bienestar. Mokyr, por su parte, aportó una perspectiva histórica al demostrar cómo el progreso tecnológico sostenido ha sido clave para romper con siglos de estancamiento económico. En conjunto, sus trabajos subrayan que el crecimiento no es lineal ni armónico: implica disrupciones, desplazamientos y reconfiguraciones institucionales.

La agricultura en el Perú enfrenta una paradoja: es estratégica para la seguridad alimentaria, el empleo e ingreso rural y las exportaciones, pero sigue marcada por baja productividad, fragmentación de la tierra, informalidad y limitada adopción tecnológica, principalmente en la sierra y la selva. Más del 90% de las unidades agropecuarias son de pequeña escala, muchas de ellas de subsistencia, con escaso acceso a crédito, asistencia técnica o a mercados dinámicos.

Además, el cambio climático, la degradación de suelos y la presión sobre los recursos hídricos agravan la vulnerabilidad del sector de pequeña agricultura de sierra y selva. En este contexto, la innovación no es un lujo, sino una necesidad urgente.

Aplicar la lógica de la “destrucción creativa” implica aceptar que ciertas prácticas, tecnologías y estructuras institucionales deben ser superadas para dar paso a nuevas formas de producir, organizar y comercializar.

Se pueden mencionar tres ámbitos clave, entre otros, en esta lógica:

i) Tecnologías digitales y agricultura de precisión: la introducción de sensores, drones, imágenes satelitales y plataformas de gestión agrícola puede revolucionar la toma de decisiones en estos territorios. Estas herramientas permiten optimizar el uso de agua, fertilizantes y pesticidas, reducir pérdidas y aumentar rendimientos. Sin embargo, su adopción implica desplazar prácticas tradicionales basadas en la intuición o el conocimiento empírico no sistematizado. Aquí, la destrucción creativa se manifiesta en la transición desde una agricultura extensiva y poco tecnificada hacia una intensiva en conocimiento y datos.

ii) Modelos organizacionales con visión empresarial y cadenas de valor inclusivas: la innovación organizacional también es clave. Nuevas formas de asociatividad, como cooperativas modernas o plataformas de economía colaborativa, pueden reemplazar esquemas clientelistas o atomizados que limitan el acceso a mercados, financiamiento y tecnología. Por ejemplo, plataformas digitales que conectan directamente a productores con mercados exigentes nacionales o internacionales, pueden generar mayor valor capturado por los agricultores. Este proceso puede ser disruptivo para actores tradicionales, pero necesario para dinamizar el ecosistema agroalimentario.

iii) Biotecnología y diversificación productiva: la introducción de semillas con un enfoque de calidad, bioinsumos y prácticas agroecológicas adaptadas al cambio climático puede transformar la matriz productiva. Esto implica dejar atrás cultivos de bajo valor o variedades vulnerables, y apostar por productos con mayor demanda, valor agregado o resiliencia. En el caso peruano, la innovación puede revalorizar, por ejemplo, cultivos como la quinua, la papa (nativa) o el cacao fino, integrándolos a cadenas globales con estándares de calidad y sostenibilidad (en la actualidad hay varias experiencias pero que necesitan ser potenciadas). La “destrucción creativa” aquí no destruye la identidad agrícola, sino que la reinventa con base en ciencia y mercado.

Para que la innovación genere desarrollo y no exclusión, se requieren políticas públicas (e intervenciones privadas) activas que amortigüen los costos de transición y potencien las capacidades locales. Algunas condiciones clave son: i) Extensión agrícola transformadora: no solo transferencia tecnológica, sino acompañamiento integral, formación de capacidades y articulación con redes de innovación; ii) Infraestructura digital y logística: conectividad, carreteras, electrificación rural y acceso a servicios financieros digitales son esenciales para democratizar la innovación; iii) Instituciones adaptativas: marcos normativos y programas públicos que reconozcan la diversidad territorial y fomenten la experimentación, el aprendizaje y la colaboración público-privada.

Además, es crucial fomentar una cultura de innovación en el agro, que valore el conocimiento científico, pero también el saber local, y que promueva la participación activa de jóvenes, mujeres y comunidades indígenas.

La teoría de la destrucción creativa ofrece una mirada poderosa para repensar el desarrollo agrícola en el Perú. No se trata de imponer una modernización tecnocrática, sino de facilitar transiciones que permitan a los agricultores superar trampas de baja productividad y vulnerabilidad. La innovación, bien orientada, puede ser el puente entre la tradición y el futuro, entre la subsistencia y la prosperidad. En un reciente artículo (https://www.gatesnotes.com/home/home-page-topic/reader/three-tough-truths-about-climate), Bill Gates, menciona ejemplos de cómo nuevas tecnologías (uso de teléfonos móviles para dar asistencia técnica, mejoramiento genético de cultivos que responda a un clima cambiante,  identificación de  razas de ganado naturalmente más resistentes a condiciones adversas, uso de fertilizantes naturales de cero emisiones, entre otros) ya están siendo usadas por pequeños productores de África con muy buenos resultados.

Como señalan los autores mencionados más arriba, el crecimiento sostenido no es un accidente, sino el resultado de ecosistemas que premian la invención, toleran el riesgo y aprenden del cambio. El agro peruano tiene el potencial, la biodiversidad y el talento humano para protagonizar su propia revolución creativa. La costa ha avanzado enormemente en esta línea, pero queda pendiente promover estos cambios en la pequeña agricultura de sierra y selva.