La confirmación del Fenómeno El Niño Global 2026 por parte de organismos internacionales y el Comité ENFEN en Perú marca un nuevo desafío para el sector agrícola nacional. Este evento climático, caracterizado por el calentamiento anómalo del océano Pacífico y la alteración de los patrones de lluvia y temperatura, tendrá efectos profundos y diferenciados en los dos grandes segmentos de la agricultura peruana: la agricultura familiar, que sostiene la seguridad alimentaria interna, y la agricultura de agroexportación, motor de divisas y empleo.
El Niño Global se distingue de episodios regionales por su alcance planetario. En Perú, se prevén: i) Costa norte (Piura, Tumbes, Lambayeque): lluvias intensas, inundaciones y desbordes de ríos; ii) Sierra central y sur: déficit hídrico y sequías prolongadas; iii) Costa central (Lima, Ica): temperaturas más cálidas y estrés térmico en cultivos.
Según los expertos, estos efectos se extenderán hasta inicios de 2027, con impactos acumulativos en producción, infraestructura y mercados.
En el Perú, la agricultura familiar representa más del 70% de las unidades productivas y abastece principalmente el mercado interno. Sus vulnerabilidades son múltiples a nivel productivo: Inundaciones (pérdida de arroz, maíz y frutales en la costa norte), Sequías (reducción de rendimientos en papa, quinua y cereales andinos), Plagas y enfermedades (proliferación de insectos y hongos por cambios de humedad y temperatura). Las consecuencias económicas y sociales pueden ser: Pérdida de ingresos y endeudamiento de pequeños productores; Migración temporal hacia ciudades en busca de empleo; Alza de precios de alimentos básicos, comprometiendo la seguridad alimentaria urbana.
La agroexportación peruana, que genera más de US$ 9,000 millones anuales, también enfrenta riesgos ante la presencia de este fenómeno: Cultivos más afectados: Mango y uva (caída de flores y menor calidad por calor excesivo); Arándano y palta (estrés hídrico y mayor incidencia de plagas); Espárrago y fresa (sensibilidad a exceso de lluvias y cambios de temperatura). En este caso las consecuencias económicas van por el lado de: Pérdida de competitividad en mercados internacionales; Caída de exportaciones y reducción de divisas; Alteración de cronogramas de siembra y cosecha, afectando contratos internacionales.
El cuadro siguiente resume los potenciales impactos:
Comparación de Potenciales Impactos
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Aspecto |
Agricultura Familiar |
Agroexportación |
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Cultivos afectados |
Arroz, maíz, papa, quinua |
Mango, arándano, palta, espárrago, fresa |
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Riesgos climáticos |
Inundaciones y sequías |
Estrés térmico y lluvias irregulares |
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Consecuencias |
Pérdida de ingresos, inseguridad alimentaria |
Caída de exportaciones, pérdida de competitividad |
El impacto de El Niño Global en la agricultura peruana podría ser profundo y desigual. Mientras la agricultura familiar enfrenta la amenaza de perder su sustento y comprometer la seguridad alimentaria nacional, la agroexportación arriesga su posición en los mercados internacionales. La clave estará en anticipar, adaptar y diferenciar las respuestas, construyendo un sistema agrícola más resiliente frente a un fenómeno que ya no es excepcional, sino parte del ciclo productivo del país.
El Niño Global 2026 confirma que la agricultura peruana enfrenta un riesgo estructural recurrente. La dualidad entre agricultura familiar y agroexportación exige políticas diferenciadas: i) Agricultura familiar: reforzar resiliencia comunitaria, garantizar seguridad alimentaria y acceso a financiamiento; ii) Agroexportación: invertir en infraestructura, innovación tecnológica y diversificación de mercados; iii) Ambos segmentos: fortalecer la gobernanza agrícola, sistemas de alerta temprana y asistencia técnica.
De manera particular, se puede tener una hoja de ruta para enfrentar este fenómeno. En el corto plazo el objetivo se debe orientar en mitigar daños inmediatos y asegurar la continuidad productiva. En el mediano plazo, se debe busca construir resiliencia estructural y reducir vulnerabilidades futuras.
Para el corto plazo, algunas medidas se pueden plantear; i) Agricultura Familiar: Emergencia alimentaria (distribución de bonos y canastas básicas en zonas afectadas por inundaciones y sequías); Infraestructura comunitaria (reparación rápida de canales de riego y drenaje en Piura, Lambayeque y Cajamarca); Semillas resistentes (entrega de variedades de papa y maíz adaptadas a sequías y plagas); Asistencia técnica: (brigadas de extensionistas para capacitar en manejo de plagas y recuperación de suelos); ii) Agroexportación: Protección de cultivos (instalación de drenajes y coberturas plásticas en fundos de arándano, uva y mango); Reprogramación de campañas (ajuste de calendarios de siembra y cosecha para reducir pérdidas); Gestión logística (mantenimiento de carreteras y puentes clave para evitar interrupciones en la cadena de exportación); Seguros agrarios (activación de pólizas y ampliación de cobertura para cultivos de alto valor).
En el mediano plazo se tienen que tomar medidas que potencien lo avanzado en el corto plazo: i) Agricultura Familiar: Sistemas de riego tecnificado (expansión de riego por goteo y microaspersión en la sierra y costa norte); Centros de acopio comunitarios (infraestructura para almacenamiento en frío y reducción de pérdidas postcosecha); Diversificación productiva (promoción de cultivos alternativos resistentes al clima como leguminosas, frutales nativos); Fortalecimiento organizativo (cooperativas y asociaciones para acceder a financiamiento y mercados); ii) Agroexportación: Innovación tecnológica (inversión en sensores climáticos, big data y plataformas digitales de trazabilidad); Diversificación de mercados (apertura de nuevos destinos en Asia y Medio Oriente para reducir dependencia de EE.UU. y Europa); Investigación genética (desarrollo de variedades de arándano, palta y mango más resistentes al estrés hídrico y térmico); Infraestructura resiliente (construcción de reservorios, plantas de tratamiento de agua y sistemas de energía renovable en fundos).
El Niño Global 2026 obliga a repensar la agricultura peruana en dos velocidades: acciones inmediatas para salvar cosechas y familias, y estrategias de mediano plazo para transformar la resiliencia del sector. La clave está en reconocer la dualidad del campo peruano —familiar y agroexportador— y diseñar respuestas diferenciadas pero complementarias.